¿Te has parado a pensar si, cuando hablas, miras a los ojos de la otra persona y los ves de brillar?. Perdemos el tiempo preocupándonos por ser escuchados para llevar la razón, en vez de dejar hablar y aprender tras escuchar. Permítete el honor de dejarte eclipsar por la magia que todos entrañamos, deja que el silencio sea la única voz que escuchamos. Deja, simplemente déjate enseñar por los demás y comparte la ternura que cuando somos niños anidamos. Somos tejidos humanos que nos entrelazamos, un eslabón más en esta cadena que engarzamos. Siéntete uno más, único pero quizás prescindible. Aunque nunca olvides que sin el resto no podemos ser un todo al completo. En definitiva estruja todo tu intelecto, pero proyecta al resto el trabajo que principalmente contigo mismo has hecho.
Si los horizontes son visibles, ¿Por qué no alcanzables?. Juan M. Corral
viernes, 2 de octubre de 2015
viernes, 10 de abril de 2015
jueves, 2 de abril de 2015
Lo que daría por ser niño, y si yo fuera niño ¿qué daría?
El paso del tiempo y su percepción. Es una de las cuestiones en las
que me detengo a pensar con asiduidad. ¿Vivimos en nuestro presente,
atendemos al pasado o nos afanamos al futuro?. Según Mario Benedetti:
"Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el
tiempo".
Aún recuerdo la lentitud del paso del tiempo cuando era
pequeño, el modo en que mi preocupación más inmediata se centraba en el
ahora. Quizás ese sea el motivo por el cual los niños viven con toda
su intensidad todos esos acontecimientos que les entusiasman y
disfrutan como los mayores no somos capaces de hacerlo. Siempre hago
saber que deberían de ser nuestros mayores referentes, porque muestran
al mundo la mayor esencia del ser humano.
Los mayores vivimos aferrados al mañana, mayoritariamente nuestras
preocupaciones giran en torno a cuestiones dinerarias o materiales.
Vivimos en la preocupante preocupación de atender a todas esas
"responsabilidades" que socialmente se nos imprime en nuestra sesera.
Hemos sidos esclavizados por esta sociedad consumista que nos hace
olvidarnos de nosotros mismo y de la percepción del paso de nuestro
tiempo presente. Si nos centramos en el mañana, estamos olvidando
nuestro hoy.
Como dice Nach: ""La codicia ha contaminado las
almas de los hombres, ha levantado en el mundo barricadas de envidia, de
rencor, nos ha llevado a la miseria y a la matanza. Hemos crecido
demasiado deprisa, y ¿de qué ha servido?, la tecnología que proporciona
abundancia nos ha dejado en la indigencia, nuestra ciencia nos ha hecho
cínicos, nuestra inteligencia duros y vacios, hemos empezado a pensar
pero hemos dejado de sentir, nos hemos convertido, en esclavos del
destino”.
Esclavos de un destino sin destino, en el que el lugar
de llegada no atiende a nuestros puntos de partidas. Desde la escuela se
establece un listón y somos medidos con el mismo rasero. Estamos
evocados a perpetuar una educación basada en la revolución industrial
sirviente del capital, la cual atiende a una optimización de los medios
de producción.
Ese tic-tac nos asfixia, intenta hacer de
nosotros una maquinaria incesante que no piense, sino que haga. No
estamos educados para cuestionar y reflexionar sobre lo que se acontece a
nuestro alrededor.
Por ello, y mil cuestiones más, es por lo que
sucumbo a lo más profundo de mi interior con cierta asiduidad. Para
allí encontrarme con mi "yo" más humano y puro, ese que intento cuidar y
no dejar que se contamine por estas corrientes que nos envuelven. Si
algo anhelo es no desprenderme de ese niño que todos llevamos dentro,
ese que un día se sorprendió por el gesto más ínfimo y se ríe sin motivo
aparente. Ese que lucha con todas sus fuerzas por aquello que quizás
los mayores no le demos sentido.
Juan Manuel Corral Maldonado
sábado, 28 de marzo de 2015
Mirando más allá de nuestras miradas
Quizás escriba convulso ante los discursos más retrógradas e incoherentes. Presos de la desidia ante la franqueable in-franqueza de esta sociedad inerte. Cansado, por reiteración, de las numerosas muestras de incoherencias y desconsideraciones hacia nuestros iguales. Vivimos inmersos en cuestiones superfluas que meramente nos hacen vivir en la superficie de todo lo que realmente somos. Es como nadar en la orilla y no tener en consideración la inmensidad del mar.
Sólo tengo algo seguro, y es la solidez y sensibilidad en la que miro a mi alrededor. Es una cuestión doliente e hiriente que me hace sucumbir a lo más profundo de mi persona, pero es eso lo que me hace ser quien soy.
Envuelto en un delirio constante, entre lo que pretendo encontrar y lo tantísimo que llego a perder. Hoy, quizás fruto de un cúmulo de introspecciones y también de análisis extrínsecos, siento que es majestuoso lo muchísimo que nos queda por hacer en este espacio que nos une. Un lugar intoxicado por la supeditación al capital, y no concretamente humano.
Pido disculpas, porque muchos al leerme, si es que lo hacen, pensarán que loco puedo llegar a estar. Aunque sinceramente, bendigo cada día mi locura porque prefiero ser un loco cuerdo, que un cuerdo inconsciente de su locura. Que pasen una feliz tarde.
Juan Manuel Corral Maldonado
sábado, 21 de marzo de 2015
No tiene cabida la desigualdad en la diversidad.
No tiene cabida la desigualdad en la diversidad. Es más, lo siento
como una dicotomía. Me atrevería a decir que la diversidad está en la
igualdad, porque por encima de todo somos PERSONAS. La sociedad nos
estandariza y alinea en favor de la facilidad de gestión y control de
las masas sociales. Somos personas de derecho y por derecho, y la
diferenciación y minusvaloración por afrontar y entender la vida es una
vejación aberratória.
Aún sigo creyendo que todo está en la humanización
de la óptica, la sensibilidad desde las gafas en las que miramos,
nuestra capacidad de poder ver desde los ojos ajenos y sentir en la
misma medida.
Hoy, quizás
celebraría el día del Sindrome de Down, pero entiendo que esta
calendarización de celebraciones simplemente es una pretensión de querer
sentirnos bien celebrando algo por lo que tenemos que avergonzarnos.
Ojala todos los días del calendario estuvieran llenos de días tan
diversos y enriquecedores como las personas.
Juan Manuel Corral Maldonado
sábado, 14 de marzo de 2015
Viajando a mi interior
Entre la dualidad de avanzar o detenerse, la fuerza que ejerce la sociedad sobre nuestras mentes, el ímpetu por romper esa tendencia tan incongruente de creer que los bienes materiales imperan frente a la emocionalidad de nuestros presentes. Sigo caminando entre tantas incoherencias, creyendo que la simple presencia es más que suficiente para trascender junto a nuestra gente. Seguiré soñando con el hecho de que solo basta una palabra, una caricia o una mirada para desencadenar los procesos emocionales y educativos más trascendentes. Quizás me defina como un loco, pero muy feliz y consciente de mi locura. Esas gafas desde las que miro al mundo, me hace que el mundo me regale los más hermosos paisajes e interacciones sociales. Solo entiende mi locura quien comparte mi pasión.
Juan Manuel Corral Maldonado
jueves, 26 de febrero de 2015
El acto resiliente de la educación
El acto resiliente de la educación por Corral, J.M. se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Valorar la complejidad es crecer en la simpleza, inmersos en el
aplauso a las grandes gestas es un acto de valentía poner en alza
cuestiones intangibles que abogan por procesos más humanos.
La
educación actual pone en detrimento la esencia que entraña el ser
humano, procesos que nos estandarizan y constituyen carreras académicas
que simplemente son eso, carreras. El potenciar el elitismo entre el
alumnado es desmontar la democracia del proceso, sencillamente es
"desahuciarnos" de los principios que debe entrañar la magia del acto educativo.
La acción resiliente que genera esta contraposición al sentir otros
modelos de procesos que no atiendan a los resultados. Pasamos las horas
discurriendo en enseñanzas que nos mueven a aprender el cómo no nos
gustaría que los demás aprendiesen.
Hablo de la resiliencia en este proceso porque es comprimir lo que uno siente para que se distienda en el momento que más pueda relucir y hacer de ello una muestra de modelos alternativos.
Creemos haber empezado a pensar y sencillamente hemos dejado de sentir. Vivimos diariamente intentando ser racionales, comprensivos, cautelosos y sumisos; con todo ello pretendemos sencillamente pasar en desapercibido y adentrarnos en el entramado social que nos envuelva.
Por ello y mil cuestiones más es necesario construir en nuestro interior conglomerados emocionales sólidos que nos muevan a construir lo derruido. Debemos invitarnos a desaprender lo aprendido para así seguir aprendiendo.
Hablo de la resiliencia en este proceso porque es comprimir lo que uno siente para que se distienda en el momento que más pueda relucir y hacer de ello una muestra de modelos alternativos.
Creemos haber empezado a pensar y sencillamente hemos dejado de sentir. Vivimos diariamente intentando ser racionales, comprensivos, cautelosos y sumisos; con todo ello pretendemos sencillamente pasar en desapercibido y adentrarnos en el entramado social que nos envuelva.
Por ello y mil cuestiones más es necesario construir en nuestro interior conglomerados emocionales sólidos que nos muevan a construir lo derruido. Debemos invitarnos a desaprender lo aprendido para así seguir aprendiendo.
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